los poemas sobre El Escorial de Arturo Serrano Plaja

 

SELECCIÓN DE POEMAS SOBRE EL ESCORIAL

 

(Recogidos enDescansar en la frontera. Poesía en el exilio (1939-1970), edición de José Ramón López García y Serge Salaün. Sada. A Coruña, Ediciós do Castro (Biblioteca del Exilio, 30), 2007.)

 

VII

 

Un arca es la memoria de tesoros

que rentan en sus cofres intereses

compuestos con el tiempo y con sus leyes

de muerte, que cotiza lo remoto.

 

Yo tengo en ese arcón y las custodio,

preciosas piedras grises y joyeles

de cuarzo y de granito, de monteses

engarces en los fresnos silenciosos.

 

Preciosas son las piedras de mi bosque,

peñascos de la cumbre, pedernales

tupidos con la plata de su musgo.

 

Pedruscos o rescoldos de mi monte,

cárdena escoria de mis escoriales

que brillan con destellos de otro mundo.

 

 

VIII

 

Por parte de mi padre sé que heredo

hibiernos apagados como penas

y montes escarpados y laderas

pobladas de tomillo ceniciento.

 

Un tiempo sin horario contra el cielo,

silencio de los pinos en la sierra,

nieve azul en la cumbre berroqueña

y un opaco perfume de cantueso.

 

Cernidos alcotanes y aguiluchos

que escriben con su pluma su misterio,

y piornos y retamas y atributos

 

de sierras y poblados castellanos:

valores que me tienen o que tengo

por parte de mi rama de serranos.

 

 

A El Escorial

 

«Sacros, altos, dorados capiteles.»

 

Góngora.

 

 

Sacros, tiernos, momentos capitales,

columnas de recuerdos verticales,

cornisas encendidas de cristales

y túmulos y llantos funerales.

 

No capiteles, no, sino escoriales.

Amargos testimonios radicales

y luz y resplandor primaverales

y montes de cantueso y romerales.

 

No bóvedas, no criptas imperiales.

No sólo son lamentos sepulcrales

ni toques de campanas y claustrales

silencios de oraciones ojivales.

 

Son años como bosques otoñales.

Nieve tal vez, si nieve son ramales

de sangre maternal y maternales

torrentes de memoria entre escoriales.

 

Son ojos y silencios invernales

y graves campanadas fraternales,

y rostros de serranos madrigales

y fresnos y peñascos y jarales.

 

 

 

Versos de guerra y paz. Buenos Aires, Nova, 1945.

 

 

Los álamos oscuros

son recuerdos de El Escorial

 

I

 

Que sí hombre que sí

que te lo digo yo

 

Los Álamos Oscuros del Real Sitio

de mi Escorial son mi escorial

y el tuyo

a poco que recuerdes

en cuanto hagas un poco de memoria

para ver

dónde te aprietan los zapatos

del pasado

dónde te duelen las muelas del pretérito

perfecto

mis álamos oscuros son los tuyos

si lo sabré yo

que vivo ya en las nubes

de california

 

ven acá hombre

de Dios

aunque no quieras

acá por estas nubes donde me estoy muriendo

a cada paso

que me dan

y sueño

que vivo y que palpito como un hombre

aquí tienes tu casa

ésta es la mía

nebulosa

y aquí

desde la orilla derecha del pacífico

según se mira a Dios

a mano izquierda

cuando uno va por mal camino

andando en malos pasos

crepuscularmente

pero un poco más cerca

los álamos oscuros del recuerdo

escorias de un metal incandescente

allá

por aquel tiempo aquellos días

que irán y no volverán

los álamos oscuros son dos filas

de centinelas mudos pero llenos

de pájaros

que vuelan

y revuelan y se andan

por las ramas de un cantar

que ése es otro cantar

muy alamosamente oscuro de silencio

y canta que te canta que te cantarán

no las cuatro verdades

no

sino el silencio

la música callada

¿no la oyes?

la soledad sonora de todos los que tienen

su pan

de cicatrices en el alma

la muerte en el bolsillo

y viven en las nubes esas nubes

de Dios

sin sentar la cabeza

y miran por los álamos oscuros

de ayer

para ver si es que oyen

cantar los pajaritos

de Dios

en su memoria

del día de mañana

que se anda por las ramas

de la mano

del alma y sus remiendos oscurísimos

como álamos oscuros del escorial y todo

del memorial perdido

y todo

lo que se oye en la cabeza

si se vive en las nubes

y se tiene cabeza

a pájaros

de Dios

 

 

II

 

Los álamos oscuros son dos filas

de álamos oscuros

que nos miran

son dos filas de sombras del camino

que nos miran pasar

así

según se va

del escorial de la memoria

al pueblo guadarrama del olvido

hieráticos y oscuros

como álamos

oscuros del escorial

de california

 

los álamos oscuros son mis muertos

los míos o los tuyos

váyase usted a saber

que me miran a veces mientras canto

así medio aburrido

al afeitarme

mientras me voy cortando los pelitos

del corazón

y trato de sacar brillo a los pulmones

y los remiendo un poco

hay que ir tirando

los álamos oscuros me contemplan

herméticos

muy quietos

con un aire

de ponerse a decir en el murmullo

de sus ramificaciones

de sus tercos ramales de memoria

movidos por un viento olvidadizo

en sus ramas cuajadas de pájaros

recuerdos

que pían pían pían

(los hay que están que trinan)

en tanto que las ramas en que posan

en tanto que las ramas de silencio

susurran sólo a silbos

de un vendaval enigma que los mueve

¿ahí estás todavía?

¿por qué te haces el vivo?

¿qué coño estás haciendo

que no vienes?

con una voz antigua de terciopelo claro

que me deja un sabor en la garganta

o la miel en los labios

de un pan desperdiciado

de un ponerse a decir

madre

cuando el viento murmura entre las ramas

a buenas horas llamas

a buenas horas mangas

verdes

verdes como las ramas de unos álamos claros

de un día de mañana

que fue ayer

en aquel sitio

en aquel piso pobre de la calle

de la lotería

que no es cuento

de california

 

III

 

aquella pobre casa

de tantos ricos males

tenía el comedor color domingo

dos ventanas de sol

una mesa cuadrada y unas sillas

con respaldos de cuero clavados con tachuelas

y

en el aparador estaba

la porcelana buena

con pájaros y nidos pintados en los platos

y

en la pared había

pintados por el tío

Juan el de Barcelona

dos cuadros

una liebre colgando de un clavo colosal

y un besugo en un plato con rajas de limón

pintados por el tío

Juan

que dejó sus sonetos escritos en el dorso

de unas facturas viejas de la casa

«Pérez y Oliva. Aceites. Barcelona»

 

el padre padremente

tenía el pelo blanco

una mirada triste y se bebía

un vasito pequeño por comida

de vino blanco a sorbos

como si fuera pena

que hay que tragar con tiento

poco a poco

 

la madre era sufrida

y su sitio en la mesa y en la vida

frente por frente al padre —con la niña

pequeña— con la niña

 

la madre era sufrida

la madre era morena y era madre

con ojos de color seis de la tarde

y unas manos de madre que bordaban

interminablemente

los manteles de lino con calados

los cuentos que contaba —con calados—

por la noche a sus hijos

a los cuales mimaba mucho más de la cuenta

según decía la cuenta

del rencor amarillo en las almas enanas

 

a la mano derecha del padre se sentaba

el hermano mayor

en años en bondad y en valentía

que tenía

una mano muy buena para jugar con todos

y hacer reír a la niña

pequeña

que le llamaba «lalo»

y se reía

 

siempre

era siempre lo mismo

lo de siempre

para siempre

 

aquella pobre casa era la casa

para siempre

aquellos días de caza con el padre

para siempre

aquellos cuentos tristes de la madre

para siempre

y aquellos mis hermanos para siempre

y ya todos perdidos

para siempre

 

un día —de estupor— murió la madre

para siempre

con la ruina del padre poco a poco

se nos perdió la casa

para siempre

los años galoparon y otro día

se nos murió la hermana

para siempre

 

el corazón tenía ya cicatrices

cuando un día de guerra de Madrid

y solo

el padre se murió solo y a solas

para siempre

y al cabo de los años otro día

—era de primavera—

también murió el hermano

para siempre

 

¿qué habrá sido de aquella pobre mesa

cuadrada

para siempre

con su mantel bordado

y calado

para siempre?

 

en medio de dos filas de álamos oscuros

que me llaman a gritos

de silencio

se ha quedado desierta

para siempre

 

para siempre

para siempre

 

 

La goma de borrar

 

el pasado imborrable

 

I

 

 

Hay días que me pongo

a mirar

debajo de la cama

por todos los rincones

del olvido

por entre los montones

por entre los papeles

del sonido

con todas sus plumitas de arroz irrevocable

y me pongo a decir

que no le veo

que no puedo ni verle

de rabia que me da

que no sé dónde está

ya

mi pasado

 

hay días que me pongo

furioso

que me pongo

la chaqueta del revés

que me pongo el corazón

en otro sitio

y el esternón ligeramente en las rodillas

y hay días que me quito

la cabeza

y la pongo así a un lado

con mucho cuidadito

para pensar a gusto

para pensar sentado

como Dios manda

que no se piense nunca

 

y hay días que me pongo a decir

que me dispongo

que yo ya me propongo

encontrar mi pasado

 

y cuando estoy que rabio

de contento

y cuando estoy que trino

de gusto

de decir

ya no le encuentro

de golpe

de porrazo

me lo encuentro

me doy con él de bruces

me asalta mi pasado con sus cruces

y entonces voy me digo

muy lleno de energía pleonasma

ahora ya no te escapas

ahora ya no hay escape

si no es mirando arriba

las nubes por el cielo

voy me digo

ya jadeando por falta de futuro en los pulmones

pensando en el pasado que no existe

voy me digo

le digo a mi pasado

aquí te pillo y aquí te mato

 

II

 

pero entonces me digo

calma tranquilidad vamos por partes

vamos con mucho tiento

vamos con pies de plomo

me digo

andando de puntillas para que no se espante

con un dedo en los labios

mientras me digo a voces

interiores

ahora ya no te escapas

ahora ya no te escondes

 

y dale que te pego

voy

me pongo

con amor

con dulzura

con goma de borrar

me pongo yo a borrar por todos los rincones

con un amor voraz de hormiga muy sinfónica por días

me pongo yo a borrar en mi pasado

todo lo que le sobra de peludo

todo lo que le falta de inocente

y borra que te borra que te borrarás

le voy pelando el alma

le voy dejando un bozo de perspectiva lunes

que ya parece jueves

y le añado unas gotas de mes de junio y todo

¿qué te creías tú?

y al fin cuando ya está

cuando el pasado entero

tiene ya su sonrisa

de mona lisa

lisa

cuando sólo me falta que poner una gota

de pajarito azul

y estoy ya por decirle

ahora ya no te escapas

ahora ya naranjitas

sin querer yo me muevo

por más modestamente que lo haga

con buena educación y con buenos modales

me muevo un poquitín

apenas nada

pero el caso es el caso

que el puñetero salta

se descompone todo y saca a relucir

 

un hueso que parece muy largo para pluma

de parietal con dientes

la humillación aquélla de color amarillo

aquel dolor antiguo que vuelve al hilo negro

y no despega la hebra en todo el día

aquel par de traiciones

macho y hembra

que vuelven a sacar los pies de las alforjas

y aquella espina vieja que parecía atontada

se me pone a pinchar hasta los huesos

de la memoria tierna

gritando como loca

desaforadamente

que ella tiene derecho

a pinchar

que eso es lo suyo

y que visto lo visto eso es lo mío

 

y entonces voy me digo

que no vale

que bueno está lo bueno

le digo

que no se me abalance que no me empuje tanto

que esta vez me he movido

que esta vez se ha caído

la goma de borrar

pero mañana…

 

y mientras voy diciendo lo que digo

lo digo y me redigo

y a veces me desdigo

repitiendo

calma

vamos por partes hombre

no te apures

vamos con mucho tiento

vamos con pies de plomo

vamos de tomo y lomo

que mañana

mañana será otro día

de goma de borrar

 

y mañana que es hoy

que ya casi es ayer con pintas verdes

me voy quedando solo

con un bosque con menos

con unos cuantos álamos oscuros

del escorial

de california

 

“Los álamos oscuros y La goma de borrar”. Papeles de Son Armadans, Palma de Mallorca. XV, Tomo LVIII, CLXXIII (agosto de 1970), pp. 131-145.

 

febrero 8, 2018

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